Este 23 de septiembre vivimos el equinoccio de otoño del año 2026, es decir, ese momento en que la posición de la Tierra respecto al Sol equilibra perfectamente el día y la noche en todo el globo terráqueo. Esta realidad también se traduce en términos de influencia energética: el Yin y el Yang. Antes del equinoccio de otoño, el Yang declina pero sigue dominando sobre el Yin. Pasado este punto, el Yin pasa a dominar y acentúa su preeminencia día tras día, hasta el solsticio del 21 de diciembre.
No se puede ignorar este ciclo cuando se practica el Shiatsu, un masaje energético inspirado en la medicina tradicional china. El estado energético ambiental se refleja en cada uno de nosotros como un vínculo íntimo con el Cosmos. Solemos asociar este vínculo a las estaciones; sin embargo, estas no son más que expresiones variables de una matriz inmutable que une el Cielo y la Tierra: el ciclo trópico.
Las infinitas variaciones de las estaciones
Las estaciones varían en el tiempo y en el espacio. Se manifiestan de manera diferente de un punto a otro del planeta: mientras los días se acortan en Tánger (Marruecos), se alargan en Ciudad del Cabo (Sudáfrica). El otoño de uno corresponde a la primavera del otro. E incluso sin cambiar de hemisferio, una misma estación no tiene el mismo matiz a orillas del Mediterráneo que en las costas del Báltico. Si nos fijamos en un solo lugar y viajamos en el tiempo, volvemos a constatar grandes variaciones: primero a largo plazo, con las eras glaciares, y más recientemente, de forma desastrosa, con el calentamiento global provocado por la actividad humana.
El ciclo trópico, en cambio, es inmutable y absoluto, marcado por cuatro etapas a lo largo del año: dos solsticios y dos equinoccios. Mientras que los solsticios se invierten de un hemisferio a otro, los equinoccios reúnen a la Tierra entera bajo un mismo equilibrio. Este ciclo precedió a la vida terrestre, y fue bajo su influencia que aparecieron las primeras células vivas, adaptándose hasta dar lugar a las formas de vida que conocemos hoy en día.
El dúo Yin/Yang: una brillante clave de comprensión
Pienso a menudo en nuestros lejanos antepasados, privados de los conocimientos científicos actuales. Los imagino buscando medir el tiempo, intentando comprender sus mecanismos. ¿Cómo comprendieron que se trataba de un ciclo y que se podía anticipar su repetición? ¿Qué les inspiraba esa alternancia de los días y los climas? Emociones de alegría y tristeza, temores y creencias llenas de esperanza. Construyeron representaciones del tiempo para organizar su vida de agricultores o cazadores.
En el pensamiento oriental, la dupla Yin/Yang ofrece una descripción convincente del fenómeno: la energía del Cielo y la de la Tierra se nutren y se regulan mutuamente, formando el ciclo del tiempo. Brillante en su concepción, esta representación perdura y puede aplicarse a todas las escalas de la vida, incluida la salud individual y, por tanto, la medicina tradicional china.
Shiatsu y ciclo cósmico
Si el masaje Shiatsu aporta un beneficio, es porque favorece el equilibrio Yin/Yang de la persona. Las presiones físicas aplicadas en los puntos de acupuntura y a lo largo de los meridianos estimulan la circulación del Qi (energía interna) en armonía con los flujos energéticos más amplios de su entorno. Recibir un masaje Shiatsu en el momento del equinoccio o del solsticio permite aprovechar un estado de equilibrio particular del Cosmos para realinearse y cultivar la armonía interior.




